Rim: el alma líquida de la llicorella
Jordi Esteve y el legado de la viña vieja
En Rabós d’Empordà, Jordi Esteve ha transformado la recuperación de bancales abandonados en un manifiesto de viticultura radical. Rim no es solo una bodega; es un homenaje sensorial a la pizarra, la tramontana y la memoria de un pueblo.
La recuperación de un paisaje de llicorella
Barcelona/Redacción, 15 de enero de 2026
El proyecto Rim nace de la fascinación de Jordi Esteve por el terruño abrupto de la Albera, un rincón del Empordà donde la viña no es un negocio, sino un acto de resistencia. El corazón de su propuesta se encuentra en la recuperación de parcelas centenarias en Rabós, muchas de ellas situadas en terrazas de piedra seca que habían sido condenadas al olvido.
Aquí, el suelo es puramente mineral, dominado por la llicorella (pizarra), un material que obliga a las raíces a buscar la vida en profundidad y que otorga a los vinos una tensión eléctrica y una elegancia austera. Esteve no es un simple propietario; es un viticultor-artesano que entiende el paisaje como un patrimonio vivo. Su colaboración estrecha con los abuelos del pueblo, como el célebre Jan de l’Anna, ha permitido que el conocimiento oral de generaciones se transfiera directamente a la copa, preservando un mosaico de variedades autóctonas que definen la identidad real de la zona.
Variedades locales y el respeto por el silencio
La filosofía de trabajo en Rim huye de las modas para abrazar la pureza. En el campo, el cultivo es orgánico y estrictamente manual, una necesidad impuesta tanto por la orografía como por la voluntad de no perturbar el ecosistema. En la bodega, la intervención es casi invisible: la uva fermenta con sus propias levaduras salvajes y los vinos no se someten a filtrados ni clarificaciones agresivas que puedan restarles verdad.
Las protagonistas son las variedades tradicionales: la Cariñena negra y la Garnacha blanca, roja y negra. También hay espacio para la rareza de la Cariñena blanca y el Picapoll. Este respeto por el ciclo natural permite que cada añada sea un retrato fiel del clima empordanés. El objetivo no es la perfección técnica estandarizada, sino la expresión máxima de la fruta y el suelo, consiguiendo vinos con una honestidad brutal que cautivan el paladar gourmet que busca exclusividad y carácter.
Una colección de vinos con historia propia
Cada botella de Rim explica un fragmento de la historia de Rabós a través de una arquitectura sensorial precisa. La línea Jan (Blanc i Negre) representa la solemnidad de las viñas más viejas, ofreciendo una estructura profunda y una mineralidad que vibra en cada sorbo. En contraste, el Sarau se presenta como una celebración de la frescura y la vitalidad, ideal para momentos de disfrute compartido sin perder el rigor del terruño. Piezas más personales como el Tot d’una —un cupaje singular de las tres garnachas de una sola viña— o el Vides Velles, donde la Cariñena negra muestra su cara más sofisticada, completan un catálogo de producciones muy limitadas.
Para el coleccionista, estos vinos son objetos de arte efímero, testimonios de un Empordà que se niega a desaparecer y que encuentra en manos de Jordi Esteve su voz más auténtica, libre y trascendente.
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>> Web: Rim Empordà
>> Instagram: @rim.vinyesemporda

Cada botella de Rim explica un fragmento de la historia de Rabós a través de una arquitectura sensorial precisa.
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